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Actividades Actividades Realizadas Últimas actividades - INIA La Estanzuela Es posible lograr rendimientos de 4.000 kilos por hectárea en el cultivo de soja ajustando medidas de manejo y apoyándose en el riego.
Es posible lograr rendimientos de 4.000 kilos por hectárea en el cultivo de soja ajustando medidas de manejo y apoyándose en el riego.

Más de 1400 personas de Uruguay, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Australia participaron en la jornada de Soja: Objetivo 4000 ¿Qué nos falta?, organizada por INIA para poner en la mira la productividad del cultivo, cómo mejorar los rendimientos  y disminuir la variabilidad. La jornada se desarrolló en la Estación Experimental La Estanzuela el 1 de agosto, con la presencia de 450 personas y fue trasmitida simultáneamente por internet y por videoconferencia en los anfiteatros de las estaciones Experimentales de INIA: Salto Grande, Tacuarembó, Treinta y Tres y Las Brujas.

De izq. a der.: Alvaro Roel, Tabaré Aguerre y Enzo Benech.

 

En opinión del presidente, Ing. Agr. Alvaro Roel,  “esta actividad se enmarca en una definición política al más alto nivel,  para que el conocimiento  que se genere,  llegue rápido a los tomadores de decisiones de los sistemas productivos.  En este sentido, para ese ciclo de charlas en temas estratégicos nacionales, que hemos denominado “DESTACADOS”, estamos  incorporando  un nuevo canal de comunicación complementario a los tradicionales". “El cultivo de soja ha tenido  un crecimiento espectacular dentro del área agrícola dándole gran dinamismo. Esto ha generado interrogantes y desafíos para la investigación en dos sentidos: la productividad del cultivo y su inserción en los sistemas agrícolas o agrícola ganaderos. Los procesos de investigación llevan su tiempo, pero el desafío de tener 1.300.000 has de soja nos impulsan a generar este tipo de jornadas, con la vinculación de nuestros técnicos y  panelistas invitados de EEUU y Argentina.

De izq. a der.: Enrique Fernández y José Silva.

La apertura estuvo a cargo del Ing. Agr. José Silva, Director Nacional, Ing. Agr. Enrique Fernández, Director de La Estanzuela, Ing. Agr. Tabaré Aguerre e Ing. Enzo Benech, Ministro y  Subsecretario de Agricultura y Pesca, respectivamente. El Ministro definió como política de estado: “la investigación como construcción de conocimiento al servicio de la innovación que nos permite canalizar la inversión construyendo competitividad”.

Ing. Agr. MSc. PhD. Andrés Berger, experto en modelización y agricultura por ambientes de INIA La Estanzuela, analizó el techo de rendimiento potencial para Uruguay y qué variabilidad podemos esperar. En este sentido comentó que los rendimientos potenciales para la soja en la actualidad se ubicarían entre 5.000 y 6.000 kilos por hectárea, sin limitantes de agua y en suelos aptos, para los grupos de madurez más sembrados. Los 4.000 kilos por hectárea actualmente sólo son alcanzables por productores que aplican un fuerte paquete tecnológico y cuidando el recurso suelo.

Desde el punto de vista de la productividad es importante ajustar la tecnología de manejo del cultivo y la mejora genética, los cuales producirán avances consistentes pero pequeños en el rendimiento.  Existe escasa información experimental de grupos cortos sembrados temprano bajo riego. Por este motivo INIA está trabajando intensamente en el uso del agua y como mitigar la alta variación interanual en el régimen de precipitaciones (pronósticos).

El rendimiento potencial máximo se acerca a los límites físicos del cultivo, por lo tanto será importante mejorar por otras características no sólo rendimiento (ej. vuelco, resistencia a enfermedades).

Nuestro país se caracteriza por presentar una alta heterogeneidad de suelos, aún dentro de chacras. Si el agua es el principal factor limitante en la expresión del potencial del cultivo, una forma de ir paulatinamente incrementando los rendimientos y disminuyendo su variabilidad entre años es profundizar el conocimiento del manejo de esos ambientes. La agricultura por ambientes, usando mapas de rendimiento y el uso de índices calculados a través de imágenes satelitales, son herramientas útiles para separar zonas de mayor o menor rinde a lo largo del tiempo. En esta línea, ajustando prácticas de manejo (planificación de siembra y buen manejo agronómico) es posible levantar el promedio nacional.

Ing. Agr. MSc. Stella Zerbino, entomóloga de  INIA, centralizó su presentación en el manejo integrado de plagas, sus perspectivas y nuevas herramientas. Dentro de las oportunidades, mencionó como nueva realidad a la soja INTACTA, resistente a herbicida glifosato y lepidópteros. Este evento presenta una rápida e importante adopción, (máximo 80%), y presenta externalidades positivas como la disminución del número de aplicaciones, menor exposición a los insecticidas, disminución de la contaminación ambiental, mayor probabilidad de multiplicación de enemigos naturales, ahorro de energía y disminución de envases de fitosanitarios. Sin embargo, genera incertidumbres y desafíos como la ocupación del nicho ecológico y/o el aprovechamiento del alimento por otras plagas; la vida útil de la tecnología depende del manejo riguroso de los refugios que deben estar próximos al cultivo y donde no se debe aplicar insecticidas formulados con Bacillus thuringiensis. Por otra parte, el sistema de producción va a tener dos cultivos genéticamente modificados (maíz y soja) con insectos plagas compartidos (Spodoptera frigiperda) lo que impone que los programas de manejo integrado de plagas (MIP) que se planteen, sean transversales. También  presentó información sobre distintas herramientas para el manejo de chinches, incluyendo  el uso de sustancias que interfieren el proceso de alimentación como el agregado  de sal de cocina a razón de 500g cada 100 litros de agua en las  aplicaciones, lo que permite reducir la dosis de insecticidas a la mitad.

Ing. Agr. Agustín Núñez, del Programa de Producción y Sustentabilidad Ambiental, se refirió al manejo de la fertilización  y el balance de nutrientes. La recomendación es fertilizar conociendo los niveles críticos de cada nutriente y pensar en una estrategia de balance; manejarnos por suficiencia puede no ser siempre la mejor estrategia. Por este motivo recomienda subir y mantener los niveles de nutrientes, como estrategia a largo plazo que aporte a la sustentabilidad del sistema y a la estabilidad de los rendimientos.

La soja es un cultivo altamente demandante de nitrógeno: si bien el cultivo fija nitrógeno del aire, exporta en el grano más de lo que entra (el balance es negativo). La pérdida de este nutriente implica pérdidas de la materia orgánica  y por lo tanto tiene un efecto  negativo en las condiciones físicas del suelo. En este sentido sugiere incluir en la rotación cultivos que fijen nitrógeno como las leguminosas anuales, fertilizar las coberturas de gramíneas anuales y  optimizar la fertilización de los cultivos de invierno. En el caso de nutrientes poco móviles, como el fósforo(P) y el potasio(K), recomienda reponer lo extraído. Referente a nutrientes como Hierro(Fe)  y Zinc(Zn), se realizan experimentos exploratorios sobre diferentes tipos de suelo en los cuales se han constatado respuestas positivas en algunos sitios.

Biol. PhD. Silvina Stewart, fitopatóloga de INIA, se refirió a las enfermedades de soja, su importancia y estrategias de control. Dentro del conjunto de enfermedades que se están abordando, resaltó  el caso del cancro del tallo,  pues ataca el tallo de la soja, la planta se seca y los fungicidas no son eficientes en el control de la misma. En este sentido alertó sobre la importancia de caracterizar la resistencia genética como medida de control principal de la enfermedad, en los materiales más sembrados en el país.

Ing. Agr. Sebastián Mazzilli, técnico de FUCREA, concluyó que en la actualidad aún se está  muy lejos del potencial genético disponible; sin embargo las medidas de manejo agronómicas como rotación, permiten disminuir la brecha con el potencial del año.

Considera que el régimen de precipitaciones que ocurre durante el ciclo determina el potencial alcanzable a escala comercial y que faltan explorar y conocer más las interacciones “fecha de siembra x grupo de madurez” en función de las características del ambiente.

Dra. Adriana Kantolic, ecofisióloga de la Universidad de Buenos Aires,  abordó las múltiples oportunidades que existen para incrementar el potencial del cultivo de soja, si bien se requiere prácticas más ajustadas a cada situación. La densidad de siembra y el espaciamiento entre plantas mejoran la captura de radiación solar y son herramientas determinantes, aseguró.

La variación en el rendimiento potencial entre años está relacionada principalmente con la disponibilidad de radiación. Incrementar la densidad de siembra permite compensar el crecimiento por planta en sequías “tempranas” pero puede ser perjudicial en sequías “tardías”. Reducir el espaciamiento entre filas es beneficioso, independientemente del momento de la sequía. Un menor espaciamiento adelanta el momento de máxima intercepción de radiación, incrementa la intercepción por unidad de área foliar y aumenta el rendimiento, mientras que en hileras distantes no se alcance plena intercepción de radiación al inicio del período crítico, que coincide con los estadios R3 a R6, momento en que aparecen las flores hasta que se forman los granos. La experta enfatizó que  la mortandad de órganos reproductivos es la principal fuente de variación de los rendimientos.

Ing. Agr. PhD. Jorge Sawchik, director del Programa de Cultivos del INIA, se centró en las estrategias para el manejo eficiente del agua en el cultivo. Hizo referencia a que la soja deja una baja cantidad de rastrojo, en un momento del año en el que existen riesgos importantes de eventos de escurrimiento y erosión. Esto ha sido contemplado en el Plan de Uso y Manejo de Suelos promovido por el MGAP.

En esta línea, la inclusión de cultivos invernales o de cobertura reduciría esos riesgos y al no dejar el suelo descubierto, se incrementaría la captación de agua para el cultivo siguiente. Paralelamente, el aumento de la productividad del cultivo impacta directamente en la cantidad de residuos que quedan en superficie.

Ubicar el período crítico R3-R6 teniendo en cuenta las limitantes ambientales (agua, radiación, etc.) a través de la fecha de siembra y la elección del grupo de madurez, es clave para el logro de buenos rendimientos.  Las estrategias de escape del déficit hídrico, aún con restricciones, determinan un mejor perfil hídrico para el cultivo en  siembras de noviembre. Es necesario conocer mejor el comportamiento de los grupos de madurez cortos (IV o V) en siembras muy tempranas.

La capacidad de almacenaje de agua depende de la textura y la profundidad efectiva de suelo y en ese sentido suelos profundos presentan un mayor poder de autonomía que suelos superficiales. De todas formas, bajo nuestro régimen de precipitaciones, siempre dependemos de la ocurrencia de precipitaciones. Además debemos  determinar si existen limitantes físicas (compactación superficial, sub-superficial), reconocer la variabilidad de suelos dentro de la chacra y la posición topográfica, tener en cuenta el cultivo anterior y el  tipo de rotación. El conocimiento y manejo de algunos de estos factores permitiría mejorar el perfil hídrico del cultivo, reconociendo que existen techos de potencial diferentes según los tipos de suelo.  “El riego suplementario es una herramienta, pero estamos lejos para el gran cultivo”, concluye Sawchik.

 

Nota: Unidad de Comunicación y Transferencia de INIA La Estanzuela - Fotos:Amado Vergara, INIA La Estanzuela – Agosto 2013.